Una persona disparaba contra un motociclista que claramente estaba en actitud de fugarse y que luego cayó fulminado. Quien tiroteaba era uno de los comensales de un restaurante en el sur de Bogotá, un expolicía que impidió el robo del que era víctima por unos bandoleros, de los que se han puesto de moda en la capital por estos días de creciente inseguridad. Esas son las noticias diarias mientras el alcalde Galán parece un nefelibata. Por supuesto, será la justicia la que determine si fue o no proporcionado el ejercicio del derecho de defensa para repeler a sangre y fuego al asaltante motorizado que huía despavorido, sin esgrimir un arma, mientras que lo enfrentaba el hombre armado que lo dio de baja delante de las cámaras y de los transeúntes. La terrorífica noticia vino acompañada con las declaraciones del presidente del gremio de restaurantes y de otros sectores empresariales, alabando el gesto del valeroso expolicía que encendió a plomo a los forajidos y mató a dos de ellos. L...